martes, 28 de octubre de 2008

“el cuerpo es una máquina perfecta movida por una fuerza invisible llamada vida”

Cuando nos dicen, “nuestro cuerpo se mueve”, es algo evidente que podemos ver y notar. Podemos mover un brazo, podemos caminar, jugar al tenis, comer e infinidad de acciones que realizamos en nuestro día a día.
Cuando nos hablan de movimiento, pensamos que es gracias a nuestros músculos y nuestro sistema nervioso que podemos movernos. Pero, ¿hay algo detrás de todo esto?, ¿por debajo de estos grandes movimientos perceptibles a cualquier ser humano?

Andrew Taylor Still, quien descubrió la osteopatía solía decir; “el movimiento es la vida”, pero ¿a qué tipo de movimiento se refería?. ¿Al más común, al que podemos ver?, ¿a caminar, saltar, mover brazos y piernas?, ¿o hay otros movimientos en nuestro cuerpo?.

En nuestro cuerpo hay algo más que el movimiento realizado por músculos y articulaciones comandados por el sistema nervioso. Nuestro corazón bombea sangre sin parar, nuestro estómago “machaca” la comida que ingerimos, el intestino la transporta, el aire entra y sale de nuestros pulmones, la sangre corre por nuestras venas y arterias… todo esto se mueve en nuestro cuerpo y nosotros ni nos enteramos. Es por ello, que si no existieran estos movimientos nuestro cuerpo no viviría, la vida no sería posible. El movimiento, es al fin y al cabo, nol es más que la manifestación de la vida.

Las células del cuerpo necesitan el oxígeno y los nutrientes para vivir. Al igual que nosotros, ellas cuando ingieren su alimento se expanden, se engordan y se hacen grandes, algo así como cuando cogemos aire y se nos hincha el pecho. Al contrario, cuando han consumido el alimento se retraen, se deshinchan, algo así cuando soltamos todo el aire que hemos cogido. Es un movimiento alternativo de inspirar y espirar, ingerir y consumir la energía necesaria para poder manifestarse, para poder mantenerse vivas y en movimiento. La energía en forma de oxígeno o alimento es necesaria para la vida, , es ingerida y usada para poder vivir. Este movimiento es esencial para la vida. Es un movimiento, porque su estado cambia constantemente, cambian de estar llenas a vaciar su energía, se expanden y se retraen. Si por el contrario, solo se expandieran, y expandieran, y expandieran, y solo hicieran que ingerir energía, no tendrían lugar a retraerse, y morirían “empachadas” de energía. ¿os imagináis que solo hicieseis que coger aire, que comer sin parar…?, al final cuando ya no podéis comer más, cuando ya no os queda más aire que coger, no os queda más remedio que soltar toda esta energía que habéis ingerido, gastarla de algún modo, de lo contrario irá en vuestra contra, os ahogareis, os sentiréis empachados de tanto comer…. Es por tanto, este ritmo alternante de inspirar y espirar lo que hace que la célula de nuestro cuerpo este viva y se manifiesta como tal, a través del cambio de un estado a otro, a través del movimiento.

Esto es algo que se sabe desde hace tiempo. Los biólogos lo confirman en sus laboratorios, pero los osteópatas lo sienten cada día con sus manos, y trabajan sobre el cuerpo para que este ritmo vital de expansión y retracción pueda manifestarse en equilibrio, y por tanto, permitir que nuestro cuerpo esté en equilibrio, en salud. Por tanto, la salud va mucho más allá que poder mover un brazo, la espalda… hay movimientos más ínfimos, más pequeños en nuestro cuerpo, que cuando actuamos sobre ellos podemos conseguir grandes cosas, podemos hacer que nuestro cuerpo cambie , se exprese de otra manera y funcione en salud.

Hace ya más de un siglo que la osteopatía fue descubierta, su fundador Andrew Taylor Still, era algo que sabía. Él solía decir: “no descuidéis las pequeñas cosas, a menudo son la clave de todo”. Años más tarde el Dr. William Garner Sutherland, basándose en las ideas de Still, descubrió el movimiento en el cráneo. Describió que los huesos del cráneo tenían una disposición para poder moverse. Él tocaba el cráneo, y notaba un movimiento. Intento negárselo a sí mismo, porque hasta entonces le habían dicho que el cráneo era algo inmóvil, excepto la mandíbula. Así, estudió las articulaciones craneales y se dio cuenta que tenían una disposición mecánica para poder moverse. Pero en el fondo de todo esto , se preguntaba: “¿pero, de dónde viene este movimiento?, porque lo que yo siento en mis manos no es mas que la consecuencia de algo”. Cuál es la fuerza que impulsa , que mueve a estos huesos del cráneo. Investigando, vio cómo la circulación de la sangre, y sobretodo del líquido cefalorraquídeo en el Sistema Nervioso podían provocar este movimiento en las articulaciones craneales. Pero más allá, empezó a pensar en el movimiento de las células del cuerpo. Confirmó que el movimiento que él notaba en el cráneo era la manifestación de las células que se expanden y se retraen continuamente. Pero llegó un punto en el que no podía deducir más. Porque al pensar de dónde venía este movimiento en las células, fue cuando se dio cuenta, que era un movimiento inherente, involuntario, que no estaba provocado por ningún músculo ni articulación, sino que era un movimiento propio de todo ser vivo, una fuerza inherente llamada vida, un movimiento que se manifestaba en todos los tejidos y órganos del cuerpo. Porque cuando observamos la naturaleza, podemos ver cómo todo crece , florece, pero luego se retrae y se marchita, para luego volver a florecer.. todo en la naturaleza tiene un ritmo, una subida y una bajada, una expansión y una retracción… y este movimiento continuo no es más que la manifestación de la vida. W.G Sutherland, llamó a este movimiento el Mecanismo Respiratorio Primario, porque consideraba que era una respiración que se originaba en el sistema nervioso pero que se expandía a todas las células del cuerpo, y que al mismo tiempo, era una respiración superior, más importante incluso que la respiración de coger y soltar aire.

Por tanto, cuando hablamos que el cuerpo está “movido por una fuerza inherente llamada vida” , nos referimos a todo esto. Este movimiento vital en equilibrio es esencial para la salud. Cualquier alteración de este ritmo en cualquier tejido u órgano de nuestro cuerpo se manifiesta en un síntoma o una enfermedad. Cuando hay una parte de nuestro cuerpo que deja de expresar este movimiento vital, estamos ante un conjunto, un cuerpo, un conjunto de miles de células que trabajan todas en colaboración, en grupo… y muchas veces, nos encontramos que dentro de este gran grupo de células, hay unas que han dicho; “nosotras ya no podemos trabajar más, estamos cansadas, estamos en huelga” es entonces cuando dejan de moverse, de expresarse, de manifestar su vida inherente.. y así, el resto de células han de hacer su trabajo, hacer que el cuerpo siga funcionando pese a que hay un grupo que han renunciado a trabajar, a vivir.. y así hasta que el resto de células acaban cansadas de hacer el trabajo de otras… y comienzan a quejarse, comenzamos a sentir dolor, malestar, inflamación… nos duele la espalda, no podemos dormir bien, nuestras digestiones son malas, e incluso nuestro niño, que hasta entonces se comportaba como un angelito, no para de llorar, no para de vomitar todo lo que come, … y así un sinfín de síntomas, que no son más que la señal, son las señales que nos da el cuerpo para decir, “eh!!!, que se supone que alguien más ha de trabajar aquí, no solo yo”. Un síntoma en nuestro cuerpo, no es más que la manifestación que ese cuerpo no funciona en orden, que su equilibrio se ha perturbado.

El osteópata, cuando trabaja en su camilla, acoge a la persona en sus manos, sabe todo esto de lo que hablamos, sabe que más allá de un síntoma, hay un cuerpo que se queja porque está en desequilibrio. Que no quiere que le matemos el síntoma y ya está. No esta pidiendo solo que le demos esa pastilla para poder dormir, ese analgésico para hacerle callar,ese crujido en el cuello, ese masaje en la zona que duele, esa crema antiinflamatoria en el lugar del dolor o esa infusión que nos hace digerir mejor la comida...cuando el síntoma recurre una y otra vez, el cuerpo nos pide algo más .. quiere ser escuchado.. esta diciendo que quiere que le devolvamos su armonía, que él antes ya podía dormir sin problemas, que no necesitaba expresar dolor alguno, y que ahora, necesita que le ayuden a encontrar su equilibrio que antes ya tenía, eliminar todo eso que no es coherente y que ahora solo provoca su malestar. Por tanto, el osteópata, sabiendo todo esto ,no es capaz de pensar solo en: “ bueno, pues si le doy un masaje aquí donde le duele, le pasará el dolor, si le receto una infusión le mejoraran las digestiones, si le digo que haga natación no le dolerá la espalda”, el osteópata no piensa solo en el síntoma sino en el conjunto, no piensa en un grupo de células aisladas, ni en un órgano o músculo aislado, sino que piensa en ese conjunto de células que forman el cuerpo, y trata que entre ellas exista una armonía, porque es esa armonía la que permitirá al cuerpo expresarse en salud.

Cuando un osteópata que es consciente de todo esto ,trata a un paciente, no se limita a crujir todos las vértebras de la espalda, a masajear un músculo, ni a tratar una rodilla, un tobillo o un hombro, porque sabe que en la zona dolorida no está la causa del malestar. No se dedica a hacer daño al paciente, a agredir a las células y tejidos del cuerpo, porque sabe que el dolor retraerá más a esas células que están retraídas ya de por sí, se pondrán a la defensiva. Por tanto, gracias a a unas manos que buscan, sienten y conocen al cuerpo humano buscan las causas de ese malestar para equilibrar el conjunto del cuerpo. Y para ello sabrá que es necesario equilibrar este movimiento vital. Con sus manos siente y percibe zonas en el cuerpo, siente los tejidos, trata de llegar a un consenso con ellos, restablecer su armonía conjunta… cuando coloca sus manos es capaz de sentir qué zonas del cuerpo tienen mucho o poco movimiento, sentir zonas que están duras, rígidas porque llevan mucho tiempo inmóviles, calladas porque hay otras que se quejan demasiado. Y no verá coherente, no entenderá que la salud , que la armonía en un cuerpo ,pueda limitarse a tratar solo la zona dolorida, y solo a hacer que la zona que se queja, deje de hacerlo, limitándose a hacerla callar con un medicamento, infusión o lo que sea.

La osteopatía al fin y al cabo, busca liberar la vida, liberar la célula que no puede expresarse con libertad, porque un cuerpo con una células que se expresan en libertad es un cuerpo en salud.

Francisco Rocher Muñoz
Osteópata C.O, MROE

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