martes, 29 de diciembre de 2009

¿Ha pensado en educar a su hijo al revés?

No, no es una pregunta trampa, ni tiene la intención de provocar, es simplemente, con la intención de hacerles llegar la posibilidad de poder educar a su hijo en dos direcciones y no solo en una, que es la que, sin darnos cuenta, siempre hemos hecho, porque a menudo es la única que se nos enseña…. .


La primera dirección esta clara, y la hacemos todos los días, y la hacen cada vez que su niño va a la escuela o a clases de ayuda. Pero, ¿han pensado en que su hijo puede ser ayudado en el sentido contrario?. Cuales son los dos sentidos de los que hablo, empecemos por el más frecuente y común.

El sentido de fuera a dentro.

A partir de esta dirección tratamos de educar y estimular la actividad motora e intelectual de nuestro niño mediante estímulos que ayuden a que su sistema nervioso madure y se reorganice. Es así como nuestro hijo desde el momento en el que nace, le sonreímos, le cogemos, le abrazamos, a medida que comienza a gatear, le damos objetos para que los mire, los coja, se coordine con ellos. Nuestro hijo sigue creciendo, y entonces cuando llega el momento de llevarlo a la guardería, que empiece a comer adecuadamente y con regularidad. Mas tarde llegará al colegio, es entonces cuando numerosos estímulos llegan a su cuerpo; debe aprender a leer, a escribir, a saltar, correr, coger la pelota, tirarla, relacionarse con sus compañeros…etc, etc, etc.

Es frecuentemente en este momento en el que algunas dificultades pueden aparecer. Ahora resulta, que mi niño tiene dificultad para coger la pelota cuando se la lanzan, para articular o reconocer las letras, no escucha bien lo que dicen, se distrae con frecuencia, es nervioso, irritoso, e incluso, llega a ser el “rebelde” de la clase. O bien, por otro lado, nos encontramos con un niño que no reacciona ante nada, no se inmuta, apenas se emociona, y esta excesivamente tranquilo ante los estímulos de sus compañeros, le da igual si el profesor le riñe o no, si aprende al mismo tiempo o va con retraso.

Y es a partir de estos signos, que como padres empezamos a reaccionar. Pensamos que nuestro hijo necesita un logopeda que le estimule el habla, la lectura. Unas clases de educación física adicionales; le apuntamos al equipo de fútbol, de baloncesto… . o bien, pensamos que necesita ayuda psicológica para aprender a comportarse en la escuela, para tener motivación para aprender, etc etc, etc… .

Esto es lo que estamos acostumbrados a hacer frente a una situación como estas, siempre buscamos las soluciones para las causas del problema fuera y nunca vamos en la otra dirección mirando hacia dentro. Y yo, llegado a este punto me pregunto: ¿no nos estamos centrando en el problema en una sola dirección? Siempre yendo de fuera a dentro. Siempre intentando, obligando a que nuestro hijo, a que su cuerpo y mente reaccionen con los estímulos que vienen desde el exterior, con el fin de hacerle cambiar. En definitiva, ¿a obligarlo a ir en contra de lo que su cuerpo expresa?. ¿Nos hemos parado alguna vez a plantearnos lo que significan?, ¿el por qué están ahí toda esa serie de síntomas y signos que aparecen a lo largo de la educación y crecimiento de nuestro hijo?.

Para mi, ya no solo como osteópata, sino también como persona, ya hace tiempo que intento plantearme la otra dirección para la solución del problema. Tomar la dirección de dentro hacia fuera. Mirar cómo esta nuestro cuerpo y mente. El Dr. Sutherland, padre del abordaje craneal de la osteopatía decía:

“permite que la función fisiológica interna se manifieste, en lugar de aplicar una fuerza externa sin ningún sentido”.

Es a partir de esta frase que podemos enlazar y hablar del otro sentido de la educación.

El sentido de dentro a fuera.

Cuando pensamos en esta dirección, inevitablemente tenemos que pensar primero en nosotros, en lo que somos y percibimos en este mismo instante. En por qué percibimos la realidad como la vivimos. Qué hay dentro de nosotros, qué somos para ver y sentir el mundo que nos rodea de una manera u otra. Por qué vemos una película que a otro no le dice nada y a nosotros nos emociona. Por qué ante una simple frase o palabra de una persona, nos enfadamos, mientras que a otro ni siquiera le inmuta. Por qué, por qué, por qué..


Traslademos esta visión al niño. Pero ahora pasemos de esta visión inicial, que puede parecernos un poco demasiado espiritual, y centrémonos en la fisiología y anatomía del cuerpo de nuestro hijo. Por qué nuestro hijo no aprende al mismo ritmo que sus compañeros, por qué le cuesta más deletrear que a su amigo, por qué su amiguito da volteretas en gimnasia sin problema y el mío le cuesta mucho, por qué mi hijo no engorda, y el otro se pasa de peso, por qué mi hijo le cuesta dormir, y el de mi amiga duerme toda la noche sin problema… y así tantas y tantas preguntas sobre la salud de nuestro niño. Si, claro, por supuesto, que todos y yo el primero, cuando nos plantean todo esto pensamos: la genética, lo llevan en los genes. Es que su padre también es nerviosito, es que su madre también era epiléptica, es que su padre también es gordito, es que, es que…. . evidentemente no podemos despreciar la genética y dejarla de lado, pero la genética a menudo es la respuesta fácil que escogemos o que nos enseñan a escoger frente a problemas así. El Dr. Sutherland, solía nombrar una frase de San Agustín; “ los milagros no son parte ajena a la naturaleza, sino solo parte de la que no conocemos de ella”. Pero para mí, otras circunstancias y situaciones repercuten en el cuerpo y alma del niño, y que no tenemos en cuenta. Comencemos, por el principio, por el inicio de toda vida.

LA CONCEPCION.


Es aquí donde comienza toda vida. La nueva vida comienza con una unión entre dos cuerpos, pero también dos espíritus. Uno se funde con el otro para formar una nueva vida. ¿No sería coherente pensar que el estado físico, mental y espiritual de cada uno de ellos repercuta en esa nueva vida?. ¿Y la forma de relacionarse entre ellos?, ¿la forma de unirse de esos dos cuerpos?. La forma de tocarse, de abrazarse, de besarse, de sentir el cuerpo del uno y del otro, de sentirse mutuamente. ¿Piensan que esto afectará a la nueva vida que en ese momento se está formando, resultado de esa unión?. Esto son todo teorías, hasta el momento quizá no demostrables científicamente, pero si pueden entrar en nuestra coherencia de pensamiento como seres humanos que razonamos y sentimos.

A partir de este momento comienza EL EMBARAZO.

Es el momento en el que el niño comienza a vivir dentro de la madre. La madre, inevitablemente va a condicionar las condiciones de crecimiento de esa nueva vida que está comenzando a formarse en su interior. La forma de vivir la vida, de entenderla y ponerla en práctica van a influenciar el desarrollo de la nueva vida que lleva en su interior. Hablamos entonces de si la madre se cuida saludablemente; si se alimenta correctamente, si hace ejercicio regularmente, si realiza actividad intelectual, pero también vamos a tener en cuenta la forma de vivir y sentir el cuerpo que tiene esa madre, la conciencia que tiene sobre ella misma y el valor que tiene y se tiene ella como persona. Hablamos también, del aspecto emocional, si esa persona que lleva a otra dentro tiene un equilibrio a ese nivel. Todo lo que se salga de este equilibrio, individual y propio de cada persona, va a repercutir en el cuerpo de la madre. Se va a traducir en una tensión, en un estrés bien físico o mental, y que va a provocar que ese cuerpo no funcione en su fisiología de forma correcta. Mientras tanto, la vida que lleva dentro empieza a preguntarse, ¿qué ocurre? El cuerpo de la mujer no está en equilibrio, y las circulaciones nerviosas y sanguíneas no son las adecuadas. Los órganos de ese cuerpo no reciben los estímulos nerviosos que les corresponde para poder llevar a cabo su función, y la sangre es incapaz de llevar las sustancias químicas y hormonales que nuestro cuerpo necesita para su correcto funcionamiento. El niño, mientras tanto, se sigue preguntando ¿qué ocurre? ¿Por qué no me llega el alimento como debería?, me siento incómodo, ¿por qué la pelvis , el diafragma de mi madre me tiene aquí apretado?, casi no me puedo mover, me he quedado “estancado” en una posición u otra. Se me está cargando la espalda, la cabeza.. etc. porque estoy “encajado” sin opción a moverme con libertad en el cuerpo de mi madre, lleno de tensiones. Y quizá el niño se pregunte; esas tensiones serán porque mi madre no se lleva bien con mi padre, porque mi madre tiene problemas en el trabajo, porque fuma o bebe constantemente, porque la vida de mi madre tanto física como emocionalmente no está en equilibrio?. Y digo yo; es posible, que todas estas vivencias, se conviertan en pequeñas tensiones en nuestro cuerpo, que hacen que los nutrientes, no lleguen correctamente por la sangre hacia nuestro hijo, que las emociones provoquen tensión en el cuerpo de ese niño, y que esas tensiones, impidan que lleguen las órdenes nerviosas y químicas que hacen que el niño esté madurando de forma correcta, tal y como la naturaleza lo ha marcado.

Pensar, en este momento, que todo esto no repercute en la salud y la futura vida de nuestro hijo, quizá es poco impensable, ¿no creen?. Si, sí… ya sé que el sistema nervioso del niño todavía no está maduro, pero… ¿y sus células, tiene capacidad para responder a los estímulos que les llegan desde el exterior?, ¿dependiendo de esa respuesta organizarán el cuerpo de una forma u otra?, ¿esta organización va a condicionar la estructura, y por tanto, la función de ese cuerpo más adelante? Y quizá de repente, tengamos un parto prematuro, el cuerpo de la madre ya no “soporta” más tener una vida dentro, o bien, sea el niño, el que no soporta más estar dentro de un cuerpo que no le permite vivir correctamente. Pero el niño, el ser humano es una máquina que a pesar de todo tiende a la perfección. Y al final, incluso con todo esto, es capaz de completar todo el ciclo del embarazo. Durante un embarazo dificultoso, todos los nutrientes, las informaciones químicas y nerviosas, necesarias para que nuestro niño madure y se desarrolle normalmente han estado disminuidas, y con ello el niño se encuentra frente a una nueva vida , ¿preparada para afrontar el mundo en el que se encuentra?. ¿Cómo está el cuerpo de ese niño?, ¿está su cuerpo lo suficientemente bien organizado y estructurado?, ¿puede su sistema nervioso recibir y mandar las señales necesarias para cada etapa de la vida?, ¿es la circulación sanguínea capaza de hacer llegar las sustancias químicas y nutrientes necesarios?. Es posible que no lo sea. Pero a pesar de todo ello, nos empeñaremos en hacer que nuestro niño coma cuando no tiene apetito, lea cuando no puede concentrarse, duerma cuando no puede parar de moverse en la cuna, y toda una serie de manifestaciones de su cuerpo, ¿no nos estará diciendo el cuerpo del niño que algo dentro de él no funciona correctamente?, y repito, “DENTRO”. .... seguiremos otro día con todo esto....

2 comentarios:

  1. M'ha agradat i m'ha fet pensar molt aquest article. És tanta la responsabilitat de tindre un fill... que no ens adonem que em d'estar bé nosaltres mateixos amb el que som, fem i estem. Eixe camí és el que jo porte molts anys buscant.

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  2. Maravillosa entrada, la perspectiva de "dentro a fuera" está explicada magistralmente. Soy padre de un niño adoptado con déficit de atención y he visto reflejado su inicio de la vida en estas lineas. Gracias.

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