sábado, 13 de noviembre de 2010

las drogas estan en nuestro cuerpo

“Fue en la primavera de 1864, cuando los truenos distantes y pasados de la guerra se podían escuchar fácilmente; pero ahora había un nuevo enemigo. La guerra había sido buena conmigo en comparación con este nuevo enemigo. La guerra había dejado a mi familia ilesa, pero cuando las negras alas de la meningitis espinal revoloteaban por estas tierras parece que se fijo en mis seres queridos como presas. Los médicos vinieron y nos atendieron fielmente. Día y noche atendieron a mis enfermos, y les administraron sus remdios de mayor confianza pero sin eficacia alguna. Mis seres queridos empeoraban cada vez más. El pastor vino y nos dio consuelo. Invocaba la ayuda divina de Dios, que junto con los hombres de ciencia, podrían salvar a mis seres queridos. Cualquiera podría creer que con oraciones y píldoras, el angel de la muerte saldría de nuestra casa. Pero es un tenaz enemigo, y cuando escoge una víctima, las oraciones y las píldoras no garantizan nada. Tuve mucha fe en la honestidad del orador y los médicos de entonces, y no he perdido esa confianza. Dios sabe que yo creo que hicieron lo que pensaban era lo mejor. Nunca abandonaron a sus pacientes y dieron la dosis, aumentaron y cambiaron las dosis, esperando que esto vencería al enemigo, pero no tenía ninguna garantía.
Fue entonces cuando me quede mirando cómo tres miembros de mi familia, dos de mis propios hijos y uno adoptado, morían por la enfermedad de la meningitis espinal, y eso me hizo hacerme preguntas serias tales como, “¿en la enfermedad ha dejado Dios en una posición de inseguridad al hombre?, ¿qué es lo que ocurre? ¿qué sucede y cuál es el resultado?, y cuando la muerte llega, a donde se supone que el hombre va?. Mi conclusión fue que Dios no era un Dios de la incertidumbre, sino un Dios de la verdad. Y todas sus creaciones, espirituales y materiales, son armoniosas. Su ley para la vida animal es absoluta. Un Dios tan sabio ha colocado con seguridad el remedio dentro de la casa material en la que vive el espíritu de la vida.
Convencido que un amoroso e inteligente Creador del hombre ha depositado en su cuerpo en algún lugar o por todo el cuerpo las drogas suficientes para curar todas las enfermedades, en cada viaje exploratorio he sido capaz de traer conmigo un cargamento de verdades incuestionables, que todos los remedios necesarios para la salud están en el cuerpo humano. Y pueden ser administrados ajustando el cuerpo de tal manera para que lo remedios puedan asociarse entre sí de forma natural, escuchar las quejas, y dar el alivio al enfermo. Nunca he fracasado a la hora de encontrar todos los remedios en las estanterías delante de mí y en la casa donde habita lo Infinito, el cuerpo humano

(…..) de este modo, he seguido viajando por los mares, hasta que he descubierto que la naturaleza nunca esta ausente de los remedios necesarios. Hoy en día me siento mejor preparado, tras veinte años de viaje y minuciosa observación, para concluir que Dios o la naturaleza es el único doctor al cual el hombre debería respetar. El hombre debería estudiar y usar las drogas de su propio cuerpo.

Andrew Taylor Still
(Autobiografía)

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